Cuando miles de personas cruzaron de forma súbita la frontera que separa dos orillas y llegaron a Ceuta el pasado jueves la primera reacción fue de asombro ante la magnitud de las imágenes. Es justo reconocer que entre quienes llegaron de aquel modo quizás haya personas que buscan mejorar su existencia, y que no vienen con intenciones de desestabilizar a España, porque la desesperación empuja a cualquier ser humano a buscar un lugar donde la vida sea menos dura.
Sin embargo, esa oleada responde mucho menos a la necesidad individual y más a una decisión calculada que convierte a personas indefensas en piezas de un tablero donde se juegan intereses muy alejados de su bienestar. Desde Marruecos saben perfectamente que cada vez que abren de golpe el paso hacia territorio español ponen a prueba nuestra capacidad de respuesta y muestran al mundo que la frontera depende más de su voluntad que de nuestra propia autoridad.
Vosotros sabéis que esto no ocurre por casualidad ni por primera vez. Marruecos no reconoce nuestra soberanía sobre esas tierras y cada movimiento de gente sirve para cuestionar de forma directa lo que nos pertenece por derecho propio. Desde Rabat dejan claro que pueden causarnos dificultades cuando no obtienen lo que piden.
Y mientras la población de Ceuta vivía momentos de enorme angustia y las familias veían cómo su ciudad se transformaba de golpe, Pedro Sánchez publicaba en sus redes sociales una lista de canciones que según él sonaba en su verano, un post que generó desde la risa hasta la incredulidad, porque esa actitud demostró una posición que roza la ofensa hacia quienes sufrieron en primera persona y hacia todos los españoles que esperan encontrar en “su líder” la seriedad que las circunstancias exigen.
Ahora somos vistos como el país más solo y más débil de toda la Unión Europea. Esa pérdida de posición no viene de fuera, viene de cada decisión que se toma sin coraje y sin orgullo nacional.
Seguimos hablando de ayuda humanitaria cuando la realidad es pura política de fuerza. Seguimos pidiendo comprensión cuando lo que necesitamos es mostrar determinación. Marruecos no se frena ante buenas palabras ni ante gestos amables porque sabe que cada vez que presiona obtiene algo sin dar nada a cambio.
Ceuta ha puesto sobre la mesa la necesidad de un Gobierno que entienda la compasión sin entregarse a la ingenuidad, que defienda la frontera sin pedir perdón por hacerlo y que deje de comportarse como si el prestigio personal del presidente importara más que la dignidad del Estado.

