Una columna publicada este 3 de julio de 2026 por Federico Contin critica la creciente costumbre de atribuir etiquetas médicas a conductas infantiles que podrían resolverse con educación y límites claros. El autor relata una anécdota personal en un restaurante italiano donde los padres de un niño disruptivo justificaron su comportamiento diciendo que padecía el llamado síndrome del emperador.
Durante una comida familiar con su familia política, el autor presenció cómo un niño en la mesa contigua gritaba, corría entre las mesas y esquivaba camareros sin que los padres intervinieran de manera efectiva. Cuando Arturo, cuñado del autor, expresó molestia ante la situación, los padres respondieron que su hijo no tenía culpa porque sufría este supuesto síndrome.
La anécdota que desató la reflexión crítica
El incidente ocurrió mientras Federico Contin compartía una comida con su familia política y sus propios hijos. La conducta del niño de la mesa contigua interrumpía constantemente el ambiente del restaurante, generando incomodidad entre los comensales presentes. La respuesta de los padres ante la queja de Arturo no fue una disculpa convencional ni un intento de corregir el comportamiento.
no era culpa suya, el niño tenía el síndrome del emperador
Esta justificación convirtió a los padres, según el análisis del autor, en víctimas dobles: tanto de la conducta de su hijo como de la supuesta falta de empatía de quienes no comprendían su situación. La columna señala que esta dinámica representa un patrón cada vez más común en la crianza contemporánea.
La proliferación de etiquetas diagnósticas en la crianza
El texto reflexiona sobre cómo la sociedad contemporánea prefiere buscar explicaciones sofisticadas a problemas que podrían tener soluciones más directas. El autor sostiene que términos como síndrome del emperador, síndrome del niño hiperregalado o síndrome del niño empantallado funcionan más como escudos psicológicos para los padres que como diagnósticos médicos rigurosos.
no hace falta que el síndrome explique el problema; basta con que alivie la culpa
La columna argumenta que esta tendencia responde a una necesidad de externalizar la responsabilidad educativa. En lugar de reconocer que un niño podría necesitar límites más firmes, menos exposición a pantallas o simplemente escuchar un no de vez en cuando, resulta más cómodo atribuir el comportamiento a una condición médica.
Síndromes reales versus etiquetas de conveniencia
Para ilustrar el contraste, el autor menciona la existencia de síndromes médicos reales y reconocidos que describen condiciones psicológicas específicas. Entre ellos se encuentran el síndrome de París, que afecta a personas que experimentan una decepción profunda al visitar esa ciudad y encontrarla diferente a sus expectativas.
También menciona el síndrome de Fregoli, que describe la condición de quienes creen que diferentes personas son en realidad la misma persona disfrazada, y el síndrome de Cotard, caracterizado por la convicción de la persona de que ha fallecido. Estos ejemplos contrastan con las denominaciones más informales aplicadas a comportamientos infantiles.
La ironía del niño obediente
La columna cierra con una reflexión irónica sobre el rumbo que podría tomar esta tendencia diagnóstica. El autor sugiere que si la sociedad continúa por este camino, eventualmente podría surgir un diagnóstico para el comportamiento opuesto: el niño que efectivamente obedece y cumple con las expectativas básicas de convivencia.
síndrome del niño milagro
Esta denominación hipotética ilustra el absurdo al que podría llegar la medicalización de la conducta infantil normal. El autor plantea que si algún día un niño recoge los juguetes sin protestar, es probable que algún experto termine diagnosticándole esta supuesta condición.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el síndrome del emperador según la anécdota?
Es una etiqueta que los padres de la anécdota utilizaron para justificar el comportamiento disruptivo de su hijo en el restaurante, presentándolo como una condición médica que excusa la falta de límites educativos.
¿Qué síndromes médicos reales menciona el autor?
El autor menciona el síndrome de París, relacionado con la decepción al visitar esa ciudad; el síndrome de Fregoli, donde se cree que diferentes personas son la misma disfrazada; y el síndrome de Cotard, donde la persona está convencida de haber fallecido.
¿Cuál es la crítica central de la columna?
La columna critica que resulta más cómodo atribuir comportamientos infantiles problemáticos a síndromes médicos que admitir que los niños podrían necesitar más límites, menos pantallas o simplemente escuchar un no de vez en cuando.
Este texto de opinión publicado el 3 de julio de 2026 forma parte de un debate más amplio sobre los estilos de crianza contemporáneos y la responsabilidad parental en la educación de límites y normas de convivencia social. La columna no descalifica la existencia de condiciones médicas reales que requieren atención profesional, sino que cuestiona el uso indiscriminado de terminología diagnóstica para justificar ausencia de disciplina educativa básica.

