La escritora argentina presentó en Barcelona Conversaciones con la oscuridad, un ensayo sobre el miedo, la literatura gótica y las raíces latinoamericanas del terror. En el libro explora las referencias culturales que marcaron su escritura y la relación de la región con sus muertos y sus mitologías.
Mariana Enriquez vuelve a explorar los territorios del miedo desde la reflexión literaria. La autora argentina presentó este lunes en Barcelona su nuevo libro, Conversaciones con la oscuridad. Teorías, intuiciones y escritura del miedo, una obra que reúne referencias, lecturas e ideas sobre el terror contemporáneo.
Durante la presentación, Enriquez reconoció que no sabe exactamente de dónde nace su fascinación por el género. Sin embargo, planteó una posibilidad: quizá su obsesión provenga de no poder ver fantasmas, algo que le gustaría experimentar.
“No tengo la suerte de ver fantasmas como mi tía”, comentó la escritora, quien explicó que su interés por lo sobrenatural también se relaciona con su infancia y las historias que formaron parte de su entorno cultural.
Los mitos y la infancia detrás de su fascinación por el terror
Enriquez señaló que los mitos guaraníes y la mitología griega fueron algunas de sus primeras referencias. En particular, recordó su interés por las criaturas monstruosas y las historias que exploran los límites entre lo humano y lo sobrenatural.
La escritora también destacó que, en su entorno, la relación con los muertos y las historias de fantasmas forma parte de la vida cotidiana. Esa cercanía con lo inexplicable alimentó una mirada del terror que no depende únicamente de la ficción.
Su formación como lectora incluye literatura gótica, relatos de terror y manuales de espiritismo. A lo largo de su trayectoria, también investigó el género mientras trabajaba como periodista cultural y daba clases.
Un mapa personal del miedo
Publicado por la editorial Páginas de Espuma, Conversaciones con la oscuridad funciona como una cartografía de las influencias literarias y culturales de Enriquez.
El libro no está organizado en capítulos convencionales, sino en “vértebras”, una estructura que rinde homenaje al body horror, subgénero que explora la transformación, la deformación y la vulnerabilidad del cuerpo.
Las notas explicativas ocupan un lugar destacado en la obra. La autora las describe como caminos secundarios que se desprenden de un mapa principal, una forma de ampliar las conexiones entre textos, autores y tradiciones.
Entre sus referencias aparecen obras como La historia interminable y El exorcista, además de relatos bíblicos y representaciones de lo demoníaco. La selección muestra que su aproximación al terror abarca desde la cultura popular hasta las tradiciones religiosas y literarias.
El gótico latinoamericano tiene sus propias raíces
Uno de los ejes del ensayo es la relación entre el terror y la historia de América Latina. Para Enriquez, el gótico de la región no necesita reproducir castillos, paisajes europeos ni otros escenarios tradicionales del género.
Su propuesta parte de las historias, las violencias y las memorias que atraviesan a las sociedades latinoamericanas. En ese contexto, los mitos y el folclore local ofrecen herramientas para narrar experiencias que no siempre encuentran espacio en los relatos históricos dominantes.
“El gótico es un género que para contar ciertas persistencias de la memoria de América Latina, ciertas violencias y narrativas de esos pueblos originarios que, en su momento, fueron suprimidas, puede ser muy útil”, afirmó.
La literatura de terror adquiere así una dimensión que va más allá de provocar miedo. También permite abordar memorias silenciadas, conflictos sociales y herencias culturales que permanecen presentes en la vida cotidiana.
La oscuridad como herramienta literaria
Con Conversaciones con la oscuridad, Enriquez reúne las lecturas y obsesiones que han acompañado su relación con el género. Su ensayo plantea el terror como un territorio donde conviven la imaginación, la historia, las creencias y las experiencias personales.
Su interés por los fantasmas expresa esa tensión entre lo que puede investigarse y aquello que permanece fuera de la experiencia directa. Desde esa frontera, la autora construye una mirada del miedo que conecta las tradiciones universales con las particularidades de América Latina.

