España lleva demasiado tiempo discutiendo sobre Pedro Sánchez y demasiado poco sobre el país que existe al margen de su agenda política. Entre las investigaciones que afectan a su entorno, los episodios judiciales que comprometen al Gobierno y la tensión permanente alrededor de Ceuta, buena parte de la conversación pública termina subordinada a una disputa política que parece no tener fecha de caducidad.

A estas alturas, España necesita hablar de otras cosas, sobre todo de aquellas que tienen relación con la inversión, el empleo y las empresas.

El problema de fondo no está en que esos asuntos ocupen espacio en los medios, porque si existen actuaciones judiciales o conflictos institucionales deben ser conocidos y discutidos. El problema está en la desproporción. Una economía necesita certezas para atraer capital, empresas dispuestas a arriesgar y administraciones capaces de pensar más allá de la siguiente crisis política. Y cuando la agenda nacional queda absorbida por los problemas de un Gobierno, se pierde de vista algo mucho más importante, que España sigue teniendo sectores y empresas con capacidad para generar actividad por cuenta propia.

La llegada de la Fórmula 1 a Madrid representa precisamente eso. Después de 45 años, la capital recupera un campeonato que exige mucho más que un circuito y una audiencia. Hace falta una ciudad capaz de absorber visitantes, organizar servicios, recibir compañías y responder ante una industria internacional que maneja presupuestos, marcas y relaciones empresariales de gran alcance. Que Madrid haya conseguido atraer un proyecto con estas características dice bastante sobre la capacidad para competir por inversión y acontecimientos de primer nivel.

El campeonato entendió, antes que muchas industrias, que una audiencia consume, más allá de un producto, historias, experiencias, tecnología y contenido. Esa transformación convirtió a la competición en una plataforma donde deporte y negocio se encuentran de manera natural. Madrid no necesita apropiarse de esa fórmula, pero sí puede beneficiarse de una industria que atrae capital y reúne durante unos días a empresas que normalmente están separadas por miles de kilómetros.

Y aquí está la parte que me interesa. España no necesita que Pedro Sánchez le explique cuánto vale el país. Esa valoración se discute todos los días en las decisiones de quienes invierten, contratan, emprenden o eligen dónde celebrar un gran evento. Madrid acaba de conseguir uno de los campeonatos deportivos con mayor capacidad de convocatoria y negocio del mundo porque existen empresas, infraestructura, talento y una ciudad, alejada del PSOE, capaz de responder a esas exigencias.

Mientras la política sigue girando alrededor de Sánchez, España tiene una economía que necesita menos protagonismo político y más espacio para trabajar. La Fórmula 1 no va a resolver los problemas del país, pero sí permite recordar que todavía podemos atraer proyectos capaces de reunir capital y visitantes.

Ese es el tipo de noticia que debería ocupar más espacio en la conversación nacional, porque habla de lo que una sociedad produce, de lo que sus empresas son capaces de hacer y de las oportunidades que aparecen cuando la política deja de ser el único asunto sobre la mesa.

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