Las redes sociales en España han visto en estos meses cómo crece de forma imparable una corriente que muchos han dado en llamar “la caída de los influencers”. Millones de personas expresan su rechazo hacia quienes han convertido su voz en un producto comercial y que opinan sobre cualquier asunto sin tener el conocimiento necesario para hacerlo.
La gente comienza a comprender que la influencia que ejercen se ha empleado casi siempre para llamar la atención sobre temas que no importan y que cuando llega el momento de señalar lo verdaderamente grave callan o miran hacia otro lado. Esa desconexión entre lo que dicen y lo que ocurre fuera de las pantallas es lo que ha hecho caer su prestigio, porque han demostrado que su voz sirve para todo menos para guiar o alertar a quienes les siguen.
Y esta corriente ganó fuerza con lo ocurrido en la frontera sur de España donde miles de personas cruzaron de forma imprevista hacia territorio nacional y dejaron a la ciudad de Ceuta sumida en el caos y la incertidumbre.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, esperó a que terminaran sus días de vacaciones y dejó pasar casi cuatro semanas antes de convocar al organismo que debe asesorarle en materia de seguridad nacional. Si le hubiera dado al asunto la importancia que merecía habría actuado al día siguiente sin importar fechas ni calendarios, pero prefirió esperar y presentar lo ocurrido como algo que no representaba gravedad alguna, cuando en realidad se trató de una violación clara de la integridad del país.
Quienes tienen la capacidad de hacer escuchar su voz debieron alzarla desde el primer momento para exigir explicaciones sobre este tema y para preguntar por qué se abandonaba a su suerte a una ciudad española durante semanas enteras. En lugar de eso guardaron silencio o dedicaron su atención a la foto en la playa, las tendencias de maquillaje o a asuntos que no afectan la vida de nadie.
Esa falta de compromiso es lo que ha acelerado la caída de su prestigio ante una audiencia que cada vez es más exigente. La gente ha comprendido que quienes tienen millones de seguidores podrían haber puesto su voz al servicio de la verdad y de la exigencia, pero que han preferido no incomodar ni señalar a nadie con poder.
La verdadera influencia, más que hacer que muchos escuchen, consiste en saber señalar lo que otros intentan ocultar. Si quienes tienen voz la emplearan para exigir que se atiendan a tiempo los problemas más graves, las autoridades no podrían esperar semanas enteras antes de actuar ni presentar como leve lo que resulta gravísimo.
La “caída de los influencers” señala que el fenómeno responde exactamente a eso, porque la gente se da cuenta de que recibe ruido en lugar de guía y de que quienes deberían acompañarla en los momentos difíciles prefieren mirar hacia otro lado.
Por eso su prestigio se desmorona y por eso esa caída resulta merecida, porque han olvidado que su influencia existe también para señalar lo que duele y no solamente para hablar de lo que agrada.



